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LOS BOTONES:
Los botones charros serían una representación solar o una flor proveniente de iconografías de culturas antiguas de uno y otro lado del mundo. En nuestro caso, se interpretan con técnicas de filigrana que evolucionan a formas convexas como las que hoy conocemos, adaptándose, principalmente, para cerrar diferentes prendas. Estos abrochos tan habituales en la joyería popular de todas las regiones, no solo de la península ibérica, y que Salamanca ha logrado posicionar como un elemento de identificación local, son también los más repetidos para candar los jubones de las vistas.
La estructura de los más comunes es cubada con diferente altura, desde los casi planos hasta los medios domos, siempre forrados con un hondón de chapa, también cubado en buena medida, lo que permite dar realce y vistosidad.En modelos más trabajados, este hondón también puede aparecer afiligranado.
Para la manufactura en los diferentes tamaños, sin ninguna otra pretensión desde el taller, empleamos un patrón de medidas llamadas vitolas, que determinaran la longitud de los extremos. Son los extremos el hilo plano segmentado que se forma al desmadejarlo de la vitola en la que se ha enrollado y que será el inicio para conformar el diámetro de la armadura en la roseta base. En cuanto a su formato, es decir, la cantidad de alveolos de los que se compone, no responde a ninguna teoría concreta. Preferentemente, utilizamos un número de piernas pares porque facilita la construcción y cerrado de la roseta, pero igual se puede construir con patas impares. Las filas de graneado y coronas de cordón sogueado, con las que adornamos su superficie, no dependerá de nada más que del barroquismo del platero y del modelo predominante en la zona.
Dentro de la indumentaria salmantina pueden distinguirse dos tipos bien diferenciados. Uno es el que se estila en la Sierra de Francia, conformado con un número inferior a ocho piernas, armado con una sola vuelta de granos y una o ninguna corona de cordón; la tipología serrana lleva un relleno de filigrana muy abierta que le transmite una sensación liviana y también más endeble, lo que facilita su deterioro. Asimismo, tenemos un tipo salmantino, confeccionado con más piernas, entre ocho y doce, adornado con dos o tres coronas de cordón sogueado y con dos filas de graneado. Esta estructura le confiere un aspecto recargado y pesado, a la vez que lo hace más robusto y, así, adecuado para la reproducción a microfusión.
EL ORIVE Y LAS VISTAS ALBERCANAS. Chema Méndez